Autismo, escuela, espías y guerra fría

Estamos en plena guerra fría, los dos bloques en conflicto se enfrentan de forma cuasi silenciosa. Por un lado la administración educativa, por otro lado las familias de niños con autismo. Es una guerra que se lleva a cabo a diario, en muchas ocasiones de forma discreta, casi sin ruido, solo vemos titulares cuando uno de los bandos en conflicto captura a un espía de bando contrario.

Y aunque todo esto puede sonar a novela de espías, pero con una trama alterada por un escritor con severos problemas de creatividad, la verdad es que esto está pasando hoy en día, sí, es así de triste ¿Y en qué me baso para decir esto? Pues en lo siguiente:

La escolarización de niños con autismo es muy compleja, esto es una obviedad. La gran mayoría de las escuelas no están preparadas para contender de forma adecuada con las necesidades de este tipo de alumnado, no tienen ni los medios, ni personal cualificado o con cualificación obsoleta. Por supuesto hay excepciones, las cuales confirman la regla.

Las administraciones educativas, a día de hoy, no han demostrado ningún interés real en resolver esta situación ¡Ojo! que en realidad esta situación afecta a la práctica totalidad de alumnos con necesidades educativas especiales. Circulaba un rumor (que seguro es falso, por supuesto) hace un par de años que, según un informe interno de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, alrededor del 75% de los docentes que estaban trabajando con alumnos con autismo o no tenían formación o la que tenían era inadecuada. Bien, imaginemos que ese rumor es falso, ¿qué me dicen las maestras y maestros de infantil y primaria que trabajan con niños con autismo? Pues más o menos lo mismo que ese rumor (Que seguro es falso, ya saben, rumores malintencionados). Es curioso que sean los docentes los que se quejan de que les falta formación, que sean los que se la acaban pagando de su bolsillo, los que después de sus jornadas laborales le echan horas para aprender y preparar material. Pero es curioso que esos mismos docentes son los que luego, en petit comité te confirman que efectivamente, de cada 10 docentes que trabajan con alumnos con autismo, solo el 25% tiene buena capacitación, y el otro 75% pues no, claro que esto no es un dato científico, ni oficialmente contrastado, son opiniones que nos dan los maestros.

Pero ojo, esto no significa que el otro 75% de los docentes que trabajan con niños con autismo sean unos malos docentes y que el otro 25% sean unos santos, no se equivoquen. Esto significa llanamente que los docentes no reciben la capacitación necesaria para contender con una realidad que hay en la aulas, y ojo, estas cifras se refieren a maestros que ya trabajan con niños con autismo. Que si extrapolamos estos datos al conjunto de docentes, pues la cifra es ridícula.

Bien, esta es la situación, Administraciones Públicas que NO están preparando a sus empleados para llevar a cabo su trabajo, que NO parecen tener planes de hacerlo, y que NO parece que quieran realizar una acción global para mejorar el modelo educativo.

Y este es un bando, la Administración Educativa, y entre sus filas, maestras y maestros que “combaten” a diario en una guerra fría. Vamos a por el otro bando.

Y enfrente tenemos a las familias y sus hijos. El otro bando. Donde madres y padres mandan a diario a sus hijas e hijos a territorio enemigo, a intentar inflitrarse para obtener información. Claro que las familias tienen menos medios y dinero que la superpotencia pública. Esto se parece a las acciones de los EE.UU. contra Cuba, el bloqueo o embargo, que desde 1962 hasta prácticamente la actualidad intentaron – sin éxito – doblegar al Gobierno Cubano. Indistintamente de las filias y fobias de cada cual, la cosa es que Cuba ha salido ganadora tras más de 55 años de refriegas, David contra Goliat.

Y quizá algunas mentes susceptibles se puedan sentir ofendidas por esta comparación tan dura. Seguro que solo será del bando de educación. Pues hay que tener la piel menos fina, que aquí la idea es avanzar, pero solo avanzamos tomando conciencia de la realidad. Pero ¿cómo estamos averiguando todo esto? Yo les explico. Usando tácticas de espionaje y contra-espionaje, ya les dije que esto era una guerra fría. Es alucinante, las familias van buscando cada vez gadgets tecnológicos más avanzados para poder mandar a sus hijos a la escuela provisto de sistemas de escucha y grabación, hoy los hay ya indetectables (no voy a dar pistas, pero hay muchos y muy buenos), y mandan a sus hijos con equipos de grabación por algo. No porque las madres y padres de niños con autismo sean una panda de tarados neurasténicos y paranoicos con alteraciones graves del estado de ánimo. No, es que cuando el río suena agua lleva.

Ni me voy a molestar en hacer una recopilación de los casos que están saliendo de forma ya casi sostenida, donde niñas y niños con autismo sufren en las escuelas, ya sea por maltrato sádico de algunos casos aislados (Afortunadamente), o por el trato inadecuado, incorrecto, o incapacitante del niño, y en mi opinión una intervención inexistente o mal hecha pues también es un maltrato a un menor. Y es un maltrato (o si les suena menos duro: mala praxis) porque la ignorancia de algunos no puede ser un freno a las capacidades de otros. Y no me refiero a cuando hay realmente malos tratos físicos y psíquicos (Que los hay), sino a un maltrato por inacción o mala praxis sostenida en el tiempo.

Partiendo de la premisa de que un equipo docente es buena gente con buenas intenciones pero (Y aquí al que le pique ya sabe, a rascarse) en muchos casos (Nota: Muchos casos no significa todos los casos) con ninguna gana de atender a niños con autismo u otras necesidades educativas, son docentes afuncionariados y/o apocilgados en el puesto, docentes de 9 a 5, de niños rubios, guapos y buenos. Docentes que dan clase por lo que sea, pero que nunca tuvieron verdadera pasión por la docencia, o si la tuvieron el sistema se la mató. Y de ese tipo de docentes, a quienes ni llamaré malditos vagos, ni pusilánimes repugnantes, ni gentuza indigna, ni nada de eso, y no les llamaré nada de eso porque merecen un respeto, el respeto que ellos no tienen por sí mismos. Y no lo tienen porque no respetan a sus alumnos, y cuando una maestra o maestro deja de respetar a sus alumnos, se deja de respetar a sí mismo. Y esos docentes, quizá quemados por el sistema, son también las nuevas víctimas de esta guerra fría. Porque ellos y sus jefes van empezando ya a sentir el miedo. Más o menos, un miedo similar al de los niños con autismo que cada día van a sobrevivir en tantas y tantas escuelas del mundo. Y enviados por sus propios padres, quienes están obligados a ello por cierto. Ya saben, la escolarización es obligatoria, para que así todos tengan las mismas oportunidades, ya, perdónenme si no me lo creo.

Y aquí vemos como alumnas/os y maestras/os son las primeras victimas de esta guerra fría. Aunque de momento en el bando que hay más víctimas es en el de niñas y niños. Que triste ¿verdad? Que en vez de trabajar juntos nos dediquemos a espiarnos, demandarnos, insultarnos, odiarnos, perseguirnos, …, eso sí, teniendo en cuenta que las víctimas son niños en su gran mayoría.

Yo propongo que, si eres docente y te jode tener a niños difíciles en tu aula (Porque los niños con autismo, seamos claros, son muy difíciles) es porque no estás preparado para hacer bien tu trabajo. Donde necesitamos a un Goya o un Velázquez, mandaron a un pintor de brocha gorda, y además no muy bueno. Enseñar a niños (en general) es un arte realizado por artistas. Y enseñar a niños con autismo es algo reservado a los más apasionados y dedicados artistas. Ahora bien, si eres pintor de brocha gorda, pues no sé, cambia de empleo, pero si en realidad, en el fondo de tu corazón late aún la llama de la pasión, arriésgate, descubre nuevamente que enseñar es sencillamente A-LU-CI-NAN-TE. Y sobre todo, sobre todo, protege a tus alumnos, ponlos por encima de tus propios intereses, juégatela por ellos, un maestro es un mentor, es alguien que va a influir en la vida de sus alumnos, y va a influir durante muchos años. Un maestro no enseña matemáticas, ni lengua, ni cosas de esas, enseña a vivir a sus alumnos partiendo del conocimiento que les entrega.

Las familias, al igual que pasó con Cuba, van a seguir ahí, aguantando y mejorando cada días más, porque tienen que llevar a sus hijos a escuelas que no están preparadas ni capacitadas, porque de buenas hay bien pocas, y sí, la gran mayoría de escuelas que tienen alumnos con autismo son malas, incluso muchas de las que se creen que son buenas.

Hay que cambiar la visión que hay dentro de la escuela, aunque sea a la fuerza. Y por eso, los niños se han convertido (lamentablemente) en espías, quienes llevan alta tecnología (el otro día vi un gadget totalmente alucinante, digno de James Bond) para que luego, cuando regresan a casa (O ya en puro directo) sus padres se horroricen de lo que oyen y ven. O que tengan que oír cosas parecidas a esta: Revisa bien al niño y la mochila no sea que lleve algo y nos metamos en un problema. Es decir, que ya revisan a los niños porque tienen miedo de que hagan o digan algo que pueda comprometerlos, es como cuando la policía cachea buscando armas o drogas a un “presunto” delincuente. A los que lean esto desde el bando de los revisadores, lo lleváis jodido porque hay cosas que por mucho que busques no las vas a encontrar.

A los del bando familiar, pues sabéis que andáis ahí ahí, al filo de lo legalmente aceptable, en algunos casos es incluso ilegal el tipo de escuchas que se llevan a cabo. Claro que luego resulta que los jueces entienden que, dado que el menor con discapacidad se encuentra en indefensión total y que el mecanismo judicial requiere de demasiados tiempos y pruebas (A veces difíciles de conseguir) para autorizar una escucha, la familia, cumpliendo su deber de proteger al menor con discapacidad, use cuantos medios pueda, entendiendo que no dañan físicamente a nadie, vamos que no dejan cabezas de caballo en camas, ni dan palizas. Y cada vez más, y en más países, están aceptando este tipo de pruebas que, en cualquier otra situación, se consideran ilegales. No soy jurista, pero si hay alguno por aquí sería genial que nos iluminaran sobre este particular.

Esto es triste, muy triste. Pero es más triste aún (casi patético) ver cierto nivel de corporativismo en plan, nosotros somo cojonudos, fantásticos, somos los mejores, la culpa la tiene el niño, a ver ¡quién le mandó tener autismo! Y además su madre es una histérica y su padre un paranoico psicótico. Falacia ad hominem, que no es otra cosa que insultar o desprestigiar al otro como argumento de defensa. Y así nos va. Afortunadamente, poco a poco (desesperantemente poco a poco) vamos dando pasos y poniendo a cada cual en su lugar. Y es curioso que normalmente la administración educativa pierda casi siempre los procesos judiciales iniciados por las familias, ya saben, cuando el río suena …

Ojalá nada de todo esto fuera necesario, ojalá no tuviéramos que convertir a nuestros hijos en espías, ni a maestras y maestros en carceleros que cachean niños, ojalá mamá y papá pudieran confiar ciegamente en las maestras y maestros de sus hijos, ojalá esos docentes pudieran decir «no sé» y a continuación recibir formación, ojalá todo fuera distinto, claro que quizá para eso debamos poder dejar de tener víctimas en este proceso, olvidarnos de culpas y admitir cada cual sus responsabilidades, quizá así todo sería distinto, pero de momento, seguimos con la guerra fría, maestras, maestros, tenerlo claro, los niños (y cada día más) irán a los colegios provistos de alta tecnología, sobre todo porque mamá y papá no se fían de ti, quizá si todos empezamos a poner un poco de nuestra parte, o quizá, si fuese el propio colegio el que pusiera las cámaras, todo sería más fácil. Hay que recuperar la confianza, y eso solo se consigue con gestos. Quizá este sea el momento de que todos empecemos a generar esos gestos que nos lleven a recuperar la confianza.

Origen: Autismo Diario

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